Este barrio de Santurtzi está un tanto aislado del resto de la localidad, por lo que el ayuntamiento tiene previsto instalar ascensores, escaleras y rampas móviles para salvar 40 metros de desnivel entre las calles Santa Eulalia y Antonio Alzaga.
Tras la retirada de la térmica y de los depósitos de CLH, el Ayuntamiento de Santurtzi pretende extender la ciudad por las faldas del Serantes. Serán siete los bloques de viviendas a construir con un total de 570 pisos, la mayor parte de protección oficial, sobre un terreno de 24.000 metros cuadrados en el que también habrá espacio para un gran parque y dos parkings con más de 1.000 plazas.
El Ayuntamiento de Santurtzi ha inaugurado un parque en honor de Dolores Ibarruri, “Pasionaria”. La nueva zona verde dispone de 8.450 metros cuadrados con paseos y áreas de juegos para niños, además de un busto dedicado a la militante comunista.
Este parque data de 1917, cuando Santurtzi arrancó terrenos al mar y amplió sus zonas verdes. Recientemente ha sido reformado, incluyendo su quiosco, bancos y jardines. Tiene 15.000 metros cuadrados, tras ganar los terrenos en que se situaba la antigua gasolinera. Además de una caseta con baños públicos se han instalado cinco fuentes.
Desde 1943 lleva abierto en Santurtzi el Kaialde. Hasta hace poco, había sido propiedad de la familia Sesúmaga, pero Joseba Ramos lo reinauguró el 2 de noviembre manteniendo esa cocina tradicional vasca que tanto éxito ha cosechado. Joseba no es nuevo en el negocio. Se curtió en la escuela de Hostelería de Artxanda, donde da clases a los futuros cocinillas, y también ha trabajado en la cadena NH y en los hoteles Carlton y Abando. Además, es el actual presidente de la asociación Santurtzi Gastronómica, que aglutina a los restaurantes de la localidad marinera.
El local cuenta con varios comedores: uno en la primera planta, con capacidad para 60 comensales y un salón privado para 12. En el segundo piso, uno para otras 60 personas, ideal para reuniones familiares, bautizos y comuniones.
El chef sigue siendo Ángel Bodegas, que lleva más de 40 años al frente de sus fogones. Joseba ha querido mantener el espíritu clásico del local, por lo que los productos del mar siguen siendo los reyes de la casa. «Siempre frescos, no traemos de piscifactoría».
Se puede empezar por entrantes como almejas, a la marinera y en salsa verde; hojaldre casero de puerros, que se sirve calentito, y marisco: gambas de Huelva, percebes, cigalas, ostras… De segundo, chuletón a la brasa, solomillo, entrecot… Y entre los pescados, cocinados a la parrilla, como el besugo, la lubina o el rodaballo (con un refrito de ajo y guindilla, deliciosos), txipirones encebollados o la merluza en salsa verde. Los postres siempre son caseros. Como colofón, un tiramisú o cuajada elaborada con leche de vaca. El más antiguo de Santurtzi
Hacia los años 50, el Kaialde era una referencia en la localidad. «No hay familia de Santurtzi que no haya realizado algún evento familiar aquí». A uno de los comedores privados se le conocía como ‘Casinillo’, donde los hombres más adinerados apostaban y jugaban a las cartas. En la planta superior, las mujeres se reunían en un salón de té. Ilustres como el ex Lehendakari Carlos Garaikoetxea y Juan Mari Atutxa o actores como José Luis López Vázquez y Concha Velasco han pasado por este histórico comedor.
Este tradicional barrio de pescadores está situado en la zona más alta de Santurtzi y está compuesto de diversas urbanizaciones de viviendas, como La Sardinera, Vallejo, Grupo Nafarroa y Vista Alegre. El barrio está sufriendo una importante reforma a raíz de la llegada del metro a la zona mediante una lanzadera que unirá su estación con la central de Santurtzi sobre un fuerte desnivel. Además, se está remodelando el frontón de la zona. (Foto: El Martascopio)
Este barrio está conformado por 180 casas que van a ser derribadas para levantar en su lugar un millar de pisos, ampliar las calles y construir dos nuevos parques. También se trasladará la subestación eléctrica de Iberdrola. Las personas que viven ahora en el barrio serán realojadas. Las razones del derribo son que la zona tiene un aspecto degenerado y que se inunda con mucha facilidad con las aguas que caen del Serantes, como se peude apreciar en este vídeo:
En julio de 1985, Santurtzi recupera un edificio singular “Villa Esperanza”, chalet de estilo nórdico en la entrada del pueblo, divisando la grandeza del abra y muestra de cuando la aldea marinera era lugar de veraneo. En él se instala el nuevo restaurante Currito, que nos trae el recuerdo de aquel otro situado en la calle Capitán Mendizabal en los años setenta y que hizo las delicias de los gourmets. Fallecido tristemente nuestro padre y referente, el restaurante esta hoy dirigido por sus hijos (Emilio Y Mª José) así como su cuñado Roberto.
Son tres niveles naturales los que ofrecen sus instalaciones y donde la oferta es distinta. En el comedor principal elegante y acogedor es donde se realiza la carta diaria. En el otro, en el Txoko, más alegre y sencillo donde se realizan las celebres Txarribodas y los pequeños banquetes a lo largo del año. Por último, una cuidada terraza toma vida en verano en los últimos reductos de los pescados asados a la “paila” (parrilla), en especial las sardinas que hicieron famoso a mi aita.
Concebida en 1967, esta central térmica ha sido durante muchos años el principal punto productor de electricidad de Euskadi. Producía energía a partir de la combustión del fuel, lo que también explica la puesta en marcha en sus proximidades de una planta de refino de petróleo, Petronor. Al estar junto al mar, la refrigeración es más sencilla. Leer el resto »
Este peculiar barrio tiene las mejores vistas de toda Bizkaia. La denominación se corresponde con la zona más baja del barrio de San Juan, que también incluye la zona de Regales. Todos sus bloques se edificaron en los cincuenta mirando al Abra, de tal forma que casi todos sus 2.000 vecinos pueden contemplar el mar desde sus ventanas. El nombre del rompeolas proviene del hecho de que lo que hoy es el Puerto hasta finales de los sesenta no era sino un simple rompeolas. Leer el resto »